viernes, 20 de julio de 2012

Llamado a la solidaridad para las monedas de diez centavos.

Algún día le diré a mi hija que mi vieja me daba una moneda de diez centavos y yo iba al kiosco y compraba algo con ella, y no me va a creer. Me va a mirar fijo y va a poner cara de olor a caca, de indignación. Esa cara que veo muy seguido cuando me acerco con el nebulizador y el sacamocos. Esa misma cara.

Llevo un tiempo observando como las monedas de diez centavos caen al suelo, ruedan en el piso y van a parar a cualquier rincón sin que nadie se preocupe por agarrarlas. A veces me tomo la molestia de levantarlas y ponerlas arriba de la mesa -porque no son mías- y las vuelvo a ver en el piso un rato después, sin nadie que las reclame, como seres insignificantes. Están ahí y a nadie le importa porque ya no valen nada.

"Yo no me agacho ni siquiera cuando veo una moneda de cincuenta centavos. Salvo que sea un peso y tal vez hasta lo pongo en duda."

Pienso en eso, la miro a la Pupita y siento que incluso si le diera un San Martín dentro de unos años me miraría con esa misma cara. Así y todo, ojalá ella no sea de las que no entienden que si en cáda casa dejamos monedas de diez centavos tiradas en el piso vaya a saber cuántos San Martines estarán siendo discriminados fraccionadamente hablando.


jueves, 5 de julio de 2012

Hace un tiempo conocí a un Juan

Hace un tiempo conocí a un Juan. Un Juan que compartía conmigo once horas y un banco. En aquella escuela había muchos Juanes, porque era noventa y pico porciento pendejos. Este me caía bien. Me gustaba muchísimo.Si me pusiera a hablar de cuanto me gustaba Juan se volvería un blog muy cursi este. Así que lo voy a resumir todo lo posible.

Estuve enamorada de ese Juan toda la secundaria. Me pasé muchísimo tiempo sentandome al lado de él y siendo su buena amiga. Una de las cosas que recuerdo es que había días que agarraba una bic y le escribía mi nombre en el brazo, a él no le molestaba porque lo tomaba como un chiste, yo lo hacía para que cuando él volviera a casa lo leyera y se acordara de mi. O en lo posible lo leyera su novia.

Su novia, por lo que me contaban nuestros amigos, lo trataba mal. Generalmente le hacía pasar malos momentos delante de todo el mundo. Él no contaba demasiado sobre eso.

A veces nos sentábamos lejos de todos y no decíamos nada. El miedo al rechazo hace estragos entre gente que se quiere de verdad, puramente, con todo el corazón.

Tiempo después me fui de mi casa. No le dije nada a Juan, ni a mis viejos, ni a mis amigos. Me fui de casa con dieciocho años como algunos acá ya saben. y volví con casi veinte. Estaba como ya he contado: Como el culo. Eso no importa. Volví y busqué a Juan.

Juan seguía con su novia. No me importó y le confesé todo lo que debía haber confesado años atrás. Empezamos a mandarnos mensajes y a vernos a escondidas. Nos sentábamos juntos a escuchar música con un mp3, con un auricular en una oreja cáda uno. Sentados juntos, tomados de las manos. Éramos felices así, con poco. Juan no salía mucho a ningún lado con su novia. Conmigo iba al cine, a los videos, a donde sea. No importaba demasiado. Nos sentíamos bien.

Hasta que su novia leyó un mensaje.

Juan se enojó y rompió el celular, avisandome antes lo que había pasado. Por un tiempo largo no supe nada de él. Para ser exactos no supe nada de él hasta hace unos meses.

Dios los cría, el viento los desparrama y en el Facebook se juntan.

Hablé con Juan. Me dijo que alguien le había contado sobre Pupita. "Es hermosa igual que su madre". Entre otras cosas me preguntó si quería verlo. Le dije que si. Y resumiendo un poco más conoció a mi hija, la tuvo en brazos, se conmovió y pidió perdón. Nos reímos juntos, pusimos música con su celular. Algunos temas de Pantera, Rammstein, Judaspriest, Dimmu Borgir y vaya a saber cuántas bandas más.

¿Qué hubiera pasado si te hubiese conocido un poco antes, Caro?


No fue ese el problema. Yo estaba ahí para vos y elegiste.


¿No querés verme más?


No tengo idea.


¿Sentís lo mismo? 


Si. Sólo que ya no tengo diecisiete años.


Perdón.


No hace falta pedir perdón. No hiciste nada malo. Elegiste. Ahora solamente tenés que entender que elegir siempre tiene sus consecuencias. Yo también elegí una vez: Me fui sin decirte nada. Tuvimos otra oportunidad y vos la elegiste a ella. Nosotros no estamos juntos porque somos dos pelotudos, ahora hay que hacernos cargo. Después de todo yo tampoco estoy sola y no hablo de Pupita. 

Nos dimos un beso y doblamos cáda uno en una esquina distinta.

Hasta dentro de unos cuántos años, Juan.

lunes, 18 de junio de 2012

Estas son ideas del millón.

El otro día se me ocurrió algo.

Deberían poner un tono especial de timbre para los celulares que permita que silencies sólo una parte de todo. ¿cómo es esto? por ejemplo que puedas poner en vibrador o silencio los mensajes, pero que las llamadas tengan sonido. A veces no quiero leer los mensajes y quiero echarme una siesta, pero si me llaman de algún lado donde dejé curriculums me quiero enterar.

O sino que silencies sólo los mensajes de cierto/s contacto/s. No es que no los quiera leer, pero no los quiero leer ya.

Ponganse las pilas japoneses. Sé que están leyendo esto. Sé que me espían. Culo.

martes, 12 de junio de 2012

Confesiones (03)

Hace unas horas me había agregado un fulano de nombre dudoso al Facebook. Como eso de preguntar y denegar acceso me tiene un poco aburrida decidí aceptarlo y taladrarle la cabeza con conversaciones bizarras para ver si:

A) Se espantaba y se iba corriendo al grito de "oh por dios que he hecho!"

B) Se copaba y salía una charla entretenida.

Terminé desplazando una idea que me pareció interesante, así que la copypasteo (Que buen verbo, tamadreche!) y la dejo para ver qué creen.


Que jodido debe ser no tener brazos, ser mujer y que te venga
O peor aún, que no te venga. El que te ayuda a limpiarte se da cuenta de que no te viene
Es inocultable
Fin de la conversación
Visto: 22:57


domingo, 3 de junio de 2012

Confesiones (02)

Son como las siete de la mañana de un domingo de junio. Tengo a la Pupita al lado mío en la cama, todavía no amanece afuera.

Si no fuera por el cajón de cerveza que uso de mesita de luz mi hija estaría desparramada en el piso. La salvó mi capacidad cirujeril de conservar cacharros varios. Y mi vieja que lo quería sacar. O peor aún, lo quería vender. La seguridad de un hijo no tiene precio.



jueves, 31 de mayo de 2012

De aquellos malos hábitos me he acostumbrado yo (confesiones 01)

Me acuerdo que alguna vez dije que no usaba cartera ni bolso. Y sigue siendo así, exceptuando alguna que otra vez donde suele ser necesario. Los bolsos o las carteras son accesorios formales. Una no puede ir a ciertos lugares sin un bolsito lindo o una carterita coquetona. Son esos los momentos en los que yo, con mi vieja mochila de Dimmu Borgir no pegamos. A veces hay que resignarse y cooperar. Ejemplo: No podés ir a buscar trabajo así.

También se aplica en cierto modo a la maternidad. Cuando sos madre está bien visto que andes con los chirimbolos del humanito en un bolsito lleno de dibujitos tiernos de animales y en tonos pastel. Vas entonces con un cochecito, el bebé durmiendo con el chupete y los cachetes rosados, las miles de mantitas tejidas en punto arroz y el bolso, en mi caso rosa. 

Pero así como una vez dije que no me llevo bien con los bolsos ni las carteras, eso no cambió. El bolso rosa se declaró desde aquel 11 de septiembre -Oh bella hija, que haz nacido en una fecha tan épica para el mundo como para mis entrañas. Todos recordaremos esa fecha como un atentado terrorista, mis ovarios y el mundo, claro que si- como mi enemigo público. Se propuso a resvalarse de mi hombro lentamente ante cualquier tipo de suave movimiento rítmico necesario para trasladarme. He allí que ir a cualquier lado con la Pupita a upa y el bolso se tornaba una tarea extremadamente difícil. Imaginen sino la escena siguiente:

Subir a un colectivo. Primero: Los colectiveros no te quieren llevar con el cochecito armado, por más que el cochecito sea de los chiquitos (los tipo paraguas) y por más que les expliques que la piba se acaba de dormir y si la despertás va a llorar. Así que una tiene que agarrar a la piba dormida con la mayor delicadeza del mundo, acomodarse bien el bolso, sostener a la bebé con un brazo, acomodarse el bolso, doblar el coche-paragüita, acomodarse el bolso, acomodar a la piba, acomodar el coche-paraguas, acomodarse el bolso, pedir permiso, poner las monedas, acomodar el bolso, acomodar a la bebé, acomodar el bolso, alguien se choca con tu bolso, acomodar el bolso, esquivar el bulto de un viejo, acomodar el bolso, pedir un asiento, acomodar el bolso...

Tras de eso, en esos bolsos para bebés no entran demasiadas cosas. No entran ni la mitad de todas las cosas que son necesarias. 

Redondeando, y sólo porque tengo sueño: Odio los bolsos. Así que mandé al carajo el asunto "queda bien visto" y cuando el bolso rosa se rompió lo reemplacé por una mochila de Rammstein. Entran la misma cantidad de cosas, no se resvala y no caretea. Soy una madre que no deja caer las cosas de su hija desde el hombro. 

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P.D: ¿La conocen?

lunes, 7 de mayo de 2012

Abuelo Bruce

  Hace mucho tiempo en otro lado había contado la anécdota de los chinos, donde mi padre me había explicado cómo nombraban a los chinitos recién nacidos. Cómo no tengo ganas de contarla de nuevo y no me va el copy - paste simplemente voy a dejar el link justo acá, así que hagan click ahí y después vuelvan para acá a seguir leyendo. Eso claro, si tienen ganas. Si no tienen ganas no. Es un país libre.

  Bueno, así como mi papá me había hecho creer ese verso terrible, mi abuelo materno también dio rienda suelta a su sentido del humor para conmigo y mi hermano, que contábamos en aquel entonces con una corta edad. Calculemos que sería la edad en la cual no prestás atención a las películas orientales salvo que sean animé, si es que llegaba el animé para nuestros lados en aquel entonces. En fin, me estoy yendo por las ramas.

  Nos encontramos mi hermano y yo un día observando un cuadro grande en casa de nuestro abuelo. El cuadro mostraba a un hombre en cuero, con unas marcas de rasguños en el pecho, en posición de combate y con un peinado estilo pelela. Ese cuadro tenía algo en particular y no sabíamos qué. Nos resultaba conocido el hombre en él, pero no sabíamos por qué.


- "Abuelo... ¿Quién es el que está en ese cuadro?"
- "¿Cómo que quién es? ¡soy yo de joven!"
- "Waaaaa ¡¿En serio?!"
- "¡Por supuesto!"
- "¿Y cómo te hiciste esos rasguños en el pecho?"
- "Porque me pelée con un gato"

Les puedo jurar que incluída esa respuesta, todo nos pareció completamente lógico.

El cuadro tenía una imagen de Bruce Lee muy parecida a esta: